martes, 22 de septiembre de 2009

Cartas, benditas cartas (a prop. de Gabriela)

El género epistolar, que puede llegar a ser tan apasionante como aburrido según sea el autor de las misivas en cuestión, vive una pequeña moda en este país. Se lo debemos a Lucía de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga, conocida por su harto más sencillo seudónimo: Gabriela Mistral. La recopilación "Niña errante. Cartas a Doris Dana" (Lumen) está en el segundo lugar de lo más vendido de la semana pasada, detrás -curiosamente- de una encíclica de Joseph Ratzinger, el Papa.

Benditas cartas. Muy benditas, diría yo. Por ellas supimos, gracias a un libro que al parecer ya está descatalogado (Seix Barral), de la pasión senil que Henry Miller sentía por Brenda Venus. El "viejo Henry", siempre tan calentón, pasó sus últimos años venerando las curvas (bueno... en fotos se la ve bastante delgada) turgentes de Brenda, por entonces una jovencilla. Oriunda de Biloxi (Mississippi), Brenda era actriz, bailarina y productora entre otros oficios artísticos. Se convirtió en su musa, y él no escatimó en elogios hacia ella, ni se cortó en ofrecer imágenes subidas de tono, aunque al parecer jamás se acostaron:

“Te llamé anoche hacia las diez y media pero no contestaste ¿Estabas fuera o en la cama con otro amante? ¿Has contestado alguna vez mientras estabas haciendo el amor o te has puesto el teléfono entre las piernas? (…) Recibir una montaña de cartas de una belleza como tú me pone un poco caliente (…) Lo importante no es cuándo empiezas a joder sino cómo lo haces. Con el corazón y el alma o sólo con el coño (…) Dios, si pareces violable. Perdona que te lo diga así pero no puedo evitarlo. Parece como si estuvieses lista para ser forzada (…) me siento culpable por hacerte insinuaciones”.


Leí esa compilación de Seix Barral hace años, y la verdad es que en muchos de sus pasajes me aburrí. Pero no podría decir que me parece el colmo que la hayan editado. Tampoco diría que es un atropello a la intimidad de Miller que yo tenga acceso a su devaneos amorosos de octogenario. Estoy convencida de que los escritores escriben todo lo que escriben para que sea leído por su público, incluso aquello que parece tan íntimo como sus cartas. Por lo mismo he devorado las epístolas entre Vita Sackville-West y Virginia Woolf, y los ácidos comentarios de la segunda sobre la primera en libros y recopilaciones. Vita dice:

"Estoy  reducida a  un  objeto que quiere a  Virginia.  Te  escribí  una  carta  hermosa  en  las  horas de insomnia  de pesadilla de la noche, y todo se ha ido: te extraño, en una manera humana, desesperada y bastante sencilla. Tú, con todas tus cartas sin boberías, nunca escribirías una frase tan elemental como esa; quizás ni siquiera lo sientes. Y aún más, creo que sientes un pequeño hueco. Pero lo vestirías en tan exquisita forma la frase que perdería un poco de su realidad. Mientras que conmigo es bastante absoluto: yo te extraño aún más de lo que podría haber creído; y estaba preparada para extrañarte mucho. Así que esta carta es apenas una protesta de dolor realmente".

Benditas cartas, pues, que nos traen en "Niña errante" a una Gabriela desconocida hasta ahora. Está enamorada, desesperada, torturada, carente, suplicante, casi enferma de amor, y la joven Doris Dana es su objeto de deseo, la culpable del dolor. Doris Dorada, una mujer -dice Gabriela- orgullosa, soberbia y racista, pero -digo yo- lo suficientemente inquietante y guapa como para tener el nervio tomado a causa de ella.
Apenas he empezado a leer la recopilación de Pedro Pablo Zegers, quien no se atreve a decir lo evidente: que nuestra Gabriela era lesbiana. Tan ultra tortillera como para referirse a sí misma de mismo. Tanto como la andrógina y británica Vita: loquita de amor por alguna de sus tantas chicas, partía a París vestida de hombre a comienzos del siglo XX. La diferencia entre una y otra es que Vita era parte de la elite y Gabriela, no. A cambio, Gabriela era talento puro y Vita, no.
La señora Mistral es lesbiana, ¿y qué? No por eso sus cartas son más escandalosas o más malas; al contrario, puedo pensar que si fuesen dirigidas a un hombre tal vez serían peores, porque perderían la comunión, esa cercanía tan enmarañada pero también tan entrañable que sólo se da entre mujeres. Sus cartas (bueno las que he leído hasta ahora) son honestas y vibrantes, están llenas de vida, merecen ser vistas y disfrutadas, abren miles de matices en torno a nuestra hermética premio Nobel.
Leo en El Mercurio que en su momento todo el mundo sucumbió a los encantos del guapo Augusto d'Halmar, que era homosexual y escribió -cito a Óscar Contardo- " 'Pasión y muerte del cura Deusto', considerada la primera novela hispanoamericana en tratar el tema del sujeto homosexual". Por qué entonces escandalizarse de que haya escritos homoeróticos de Mistral publicados, independientemente de que se trate de cartas. Perdón por el simplismo, pero tiendo a pensar que otro gallo cantaría si Gabriela hubiera sido guapa (y, vale, sí, también, simpática), como fue Augusto. Por ahora, dejo un pequeño extracto de lo que escribió la señora:

"Mi vida:
Tú eres de una raza que se controla; yo no. Tú estás segura de mí; yo no tengo seguridad alguna de ti.
Pero hay más: yo necesito de tu presencia de una manera violenta, como del aire. Parece que estuviese viviendo una asfixia. Es eso exactamente.
Tal vez fue una locura muy grande entrar en esta pasión. Cuando examino los primeros hechos, yo sé que la culpa fue enteramente mía. Yo creí que lo que saltaba de tu mirada era amor y yo he visto después que tú miras así a mucha gente. Loco fui, insensato: como un niño, Doris, como un niño".

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Servicio de urgencia: vinos para el 18

Fiesta Patria = buen copete (en lo posible): hay que celebrar con buen gusto, pues. Una serie de distribuidoras y viñas hará ventas especiales y rebajas en estos días. Un breve resumen de lo que sé, pero una cosa antes: si alguien busca Montsecano, el vino que el fotógrafo Julio Donoso hace en la zona de Las Dichas (Casablanca) y que en una selección de la revista Wikén en torno a bodegas "independientes" fue elegido el "punto más alto", olvídese: se acabó. Lo llevaron a Wain, que vendía sólo 1 botella por persona a $14.900, y la clientela ya arrasó con lo poco. La distribuidora sólo tuvo acceso a pocas cajas (un vendedor me habló de seis, no sé si es cierto tan poco), que se fue en un santiamén. La mayor parte de las 2.300 botellas producidas de este pinot noir -Wikén afirma que es uno de los mejores de Chile- son para exportación.

- Viña Indómita, ligada a las Solari (dueñas de Falabella, entre otros negocios), hará una  venta especial de bodega con en  vinos premium y saldos de exportación, en el Valle de Casablanca: Ruta 68, en el km. 64.
Días: 10, 11, 13, 14, 15, 16 y 17 de septiembre, de 10:30 a 18:00 horas. No se especifica si hay sauvignon blanc en la lista (debiera, digo yo); si es así, vale la pena darse una vuelta. En Casablanca hay excelentes restaurantes de viñas para degustar y buen yantar. El de la viña Casas del Bosque es exquisto, además de bello.
- Vinos CyT, o sea Concha y Toro, tiene una oferta: 12 por el precio de 10 de gran reserva serie Ribera. Es un vino de Marchigüe, en la VI Región, cerca de Apalta y en la zona de donde, modestamente, creo que salen los mejores tintos del país. Dice la oferta que se puede comprar por teléfono (476 54 86) o bien yendo a la sala de ventas en Alonso de Córdova 2391.

- Wine off lanzó una oferta de cinco "cajitas diechiocheras". Los precios van desde $20 mil por 12 unidades de tinto, a 60 mil por 12 botellas de grandes reservas. La más cara tiene 6 gran reserva Taparaca CB del 2006 y 6 Cousiño Macul Antiguas Reservas CS 2007. La más barata, llamada "parrillera", trae Montgras y Doña Dominga, ambos varietales CS. La más atractiva, según yo, es una que cuesta $48 mil: 6 Pérez Cruz reserva CS 2007 y 6 Casa Silva reserva Carmenere 2007. ¿Dónde? Jorge Alessandri 514 en La Reina. Sino por mail: ventas@wineoff.cl. ¿Dónde? Jorge Alessandri 514 en La Reina. Sino por mail: ventas@wineoff.cl ¿Dónde? Jorge Alessandri 514 en La Reina. Sino por mail: ventas@wineoff.cl.
- Wines Services Valley, del rancagüino Marcelo Zamorano, tiene Casas del Toqui 2006 a $3.100 la botella (hay que comprar al menos 12), entre otros buenos vinos de la VI Región. Casas del Toqui, de Chateau La Rose, me parece una de las mejores alternativas de calidad precio bebestibles por estos días (sobre todo a ese precio). Es un vino suave, sabroso, lleno de matices de berries que no hostigan. Además, Marcelo es muy cumplidor: lleva el vino de un día para otro y jamás falla: 88186841 y 72/232543.
- Saldos de Exportación en Quilicura. Según la empresa a cargo, Andes Wines, han vendido más de $100 millones en diez días. Se trata de una bodega que sólo ofrece vinos de etiquetas que no llegan a tiendas locales, y que tienen hasta un 50% de descuento en el precio. Ante la demanda, decidieron alargar las fechas: hay venta hasta el 15 de septiembre. ¿Dónde? El Totoral 651, Quilicura, con precios que oscilan entre $1.290 y $4.500 por botella. Hay de todo: variedades de cepas y tipos de vino. ¿Marcas? Solterra, Monte Sur, Paso Fino, Estación, VEO Grande, Marchigüe, Panul, Viajero, Panilonco, Canto de Flora, Cimarosa, Cascada, Oops, Chilcas, Chilensis, Casa Viva, William Fevre, La Misión, Corinto y Tierra Alta, de los valles de Colchagua, Maipo, Maule, Curicó y Casablanca. Entre 9:00 y 18.30 horas. Teléfono: 9-2197117.
- La Vinoteca (que también se llama Wain ytiene una sucursal en Almacenes Paris) se empleó en vinos buenos. Propone un paquete top con 6 copas Stölze (como Cecilia Stolze, la ex ejecutiva de TVN y experta en producción de teleseries). Como en este país la gente prefiere el tinto, hay acento en cepas tintas. De todos modos la selección es ¡de lujo! Entre otros: Parcela 7 de Von Siebenthal (ensamblaje), Amplus de Santa Ema (carmenere) y Pérez Cruz (cabernet sauvignon). El sauvignon blanc, mi cepa favorita, elegido es ¡magnífico!: Amayna de Garcés Silva. Son 12 botellitas por $84.900. Hay call center: 269 56 59.
- La Cav, que ahora tiene una tienda en el Alto Las Condes, armó un catálogo de vinos dieciochero, con un 30% de descuento.La compra mínima son 6 botellas y hay despacho gratis si se adquieren ¡24! (¿no será mucho?). Tienen, entre otros, Concha y Toro Riberas cabernet sauvignon ($4.540) y Undurraga Aliwen CB y Syrah 2008 ($2.580). Teléfono: 393 8000.

- La clásica botillería El Cielo tendrá una venta de bodega el lunes 14 (ya hubo una esta semana). De todos modos, en este caso, como en el del Supermercado Diez y de La bodeguita del medio, lo mejor es ir y ver en directo que hay. Para "el cielo": San Diego 1428 (teléfonos 551 1418 y 5565669). Para "diez":  Los Conquistadores 2230/260 (teléfono 232 6852). Y para la "bodeguita":  Cuarto Centenario 702 (teléfono 2010866).


¡SALUD!

lunes, 7 de septiembre de 2009

La declaración de principios del New York World

No hay un sólo diario en este país que ofrezca algo la mitad de claro (y de edificante) que lo que ofrece esta frase, pronunciada por Joseph Pulitzer en 1883. Qué certeza, qué claridad y qué demostración más sencilla de por qué el periodismo norteamericano es el mejor del mundo.
No les llegamos ni a los talones:


"Hay espacio en esta ciudad grande y creciente para un periódico que no sea sólo barato sino verdaderamente democrático, dedicado a la causa de las personas más que a la de los acaudalados, dedicado más a las noticias del Nuevo que del Viejo Mundo, que expondrá todo el fraude y engaño, combatirá todos los males y abusos públicos, que servirá y luchará por las personas con gran franqueza". 

Esto es lo que dice wikipedia de ese diario:
http://tinyurl.com/ll5czq




 

viernes, 4 de septiembre de 2009

A que este par de malvados de parece

 
1. Marcial Maciel, el ángel caído en desgracia: los Legionarios de Cristo acaban de hacer un mea culpa público por sus "graves fallos". Debieron decir delitos: pedofilia y abuso sexual.
El padre fundador tuvo una hija y era adicto a una fuerte droga para calmar dolores, y la congregación que fundó en los años 50 está siendo investigada por el Vaticano: más vale tarde que nunca y es de esperar que sea una investigación valiente, que llegue hasta donde debe llegar. Para la espera se recomienda el libro "Legionarios de Cristo en Chile", de Andrea Insunza y Javier Ortega. Bien reporteado y bien escrito. Relata la creación de la congregación en México y su posterior expansión; queda debiendo un capítulo sobre su hija, quien hoy vive bajo estricto aninomato en un barrio caro de Madrid.
 
2. El emperador Palpatine, el malo más malo de la saga de George Lukas, "La guerra de las galaxias". El lado oscuro transforma y llega a hacer que sus "soldados" se parezcan.
 
 
Sobre el texto, aquí un link a buscalibros.cl:

jueves, 3 de septiembre de 2009

Whitney: la reina y su redención

Escuché por primera y única vez en vivo a Whitney Houston en Madrid, el año 1993. Entonces ella era, como muy bien dijo en “El País” Nacho Sáenz de Tejada, el mejor crítico de música pop que he conocido, la voz que reina.

Como una diosa morena y pálida, de dedos demasiado largos y cuerpo extremadamente estrecho, Whitney se echó esa noche al bolsillo, con sus éxitos ligeros y bailables, a todo el público del desaparecido Palacio de los Deportes. Yo, que siempre la adoré a pesar de esas canciones suyas, noté que no bailaba bien y que no sabía moverse sobre el escenario. Pero me fui de rodillas, boca abierta y corazón inflamado, en el mismo momento en que abrió una puerta hacia el interior de sí misma para alabar a su Señor: ahí estaba ella, la cantante de las cuatro octavas, una de las herederas más brillantes de la larga tradición de intérpretes negras norteamericanas, bordando el gospel. Eso sí que era un regalo del cielo.

Aquello fue mágico, y salí de ese concierto, celebrado en las postrimerías del verano, flotando. Íbamos, mi espíritu y yo, varios centímetros sobre el asfalto de la calle de Alcalá.

Ahora, 16 años después, cuando tiene 46 y puede dar testimonio de su paso temporal por el infierno, Whitney está de vuelta. Ya no reina, canta con octavas de menos y en su caso si hay algo demás no suma, sólo resta. Hace pocas horas se presentó en el Central Park de Nueva York arropada por el programa “Good morning América”, para presentar el primer single de su nuevo disco. “Million dolar bill” y “I look to you” son sus nombres respectivos. La vieron en vivo 5.000 fans. Internet dice que era su primera aparición pública para cantar en seis años, y que su voz falló. Ella debió pedir disculpas.

Al enterarme del traspié recordé una pregunta hecha por alguien en agosto, cuando la web filtró ese primer corte nuevo y medio mundo quedó impactado por la pérdida de brillo, por el enorme cambio de color, por el notorio y nefasto efecto de las drogas, la pena y el mal vivir en su voz: ¿para qué volver, Whitney?

Ahora, después de haber oído el disco y sabiendo que —quizá por los nervios, quizá porque de verdad su garganta es un destrozo— ha trastabillado a la primera, reafirmo mi respuesta: ¿y por qué no? Por qué no, si todo el mundo tiene derecho. A una oportunidad, a parar la olla, a levantarse del suelo, a creer en algo, a recuperar la dignidad.

No sé qué habría sido de ella porque se murió, en el más negro de los fangos y a los 44 años, dos antes de los que hoy tiene Whitney. Pero creo bien probable que Billie Holiday hubiese buscado también su oportunidad. Como la buscaba Michael Jackson hace unos meses. Y como la buscan todas y cada una de las estrellas, caídas o no, de la cultura pop: una y otra vez salen a la caza de la redención.

En el caso de las que tienen talento en el fondo del ADN —como Whitney, Billie o Michael— esa búsqueda, si es que tienen la ocasión de iniciarla antes de morir sin intentarlo, parece tener que partir desde cavernas abisales. Es como si en sus casos el genio fuese un monstruo: se los come. Les provoca sufrimiento. Hace que se codeen con las drogas, las sombras y el submundo. Los convierte en seres deleznables y patéticos, pero no por eso sin el derecho de intentarlo.

Es lo que está haciendo Whitney: buscar la redención, recuperar tiempo perdido. Trae un disco corto y muy bien producido bajo el brazo: está hecho a su medida. Ofrece un pop muy digno y sobrio, lleno de guiños al modo actual de hacer música mainstream, con un equilibrio en la selección de canciones. Todas son almibaradas, como a ella le gusta, pero sirven. En el conjunto se oyen buenos coros y su voz, que ciertamente no es la misma.

No tengo certeza —y menos con el dato del chascarrillo en el Central Park— de si es una grabación de ésas capaces de taparlo todo y hacer buen intérprete incluso a Enrique Iglesias. Pero si lo que en esas 11 canciones se adivina es cierto, si en efecto la garganta está cascada pero no completamente corrupta, si en sus 40 y varios años ha logrado al fin domeñar al engendro que lleva dentro, Whitney está de nuevo en el buen camino: podrá salir adelante, porque sabe cómo hacerlo y aún tiene los recursos artísticos para hacerlo. Sin ser el prodigio que era, todavía suena como una de las grandes, y a cambio tiene a su favor los años de circo, aquello que llaman madurez.

Como premio por su noble y merecido intento, la dignidad está ahí, esperándola con los brazos abiertos. Y aquellos que hemos gozado de buenos momentos por cuenta de su prodigioso talento, también.

martes, 1 de septiembre de 2009

Barcelona, la que recuperó su vista al mar

Ésta es una historia que cuentan todos —moros, cristianos, catalanes y forasteros— cada vez que se les pregunta por su linda villa: hasta 1992, Barcelona era una ciudad que vivía de espaldas al mar. Ese año, mientras Sevilla vivía los fastos de la Exposición Universal con el iceberg chileno como antártico aporte para aguantar el feroz calor andaluz, los barceloneses recuperaban su trozo de Mediterráneo gracias a las Olimpiadas.
Los juegos, que mostraron al mundo cómo era la nueva España democrática e instalaron a los deportistas locales en la elite mundial, también dejaron un legado de infraestructura y brillo que la añosa Ciudad Condal nunca imaginó. Una de esas dotes es la zona costera, que va del mirador de Colón, en la punta de la Rambla, hacia el norte.
Allí están el Maremagnum, que ostenta el mayor acuario de especies mediterráneas del mundo, y unas playas que de tan postizas sufren por el azote del mal tiempo: en invierno, si hay tormenta y el mar quieto pierde su habitual compostura, el agua se lleva las gruesas arenas doradas. El Ayuntamiento tiene que ir y reponerlas, acarreando toneladas de material en camiones.
Con ese acento catalán que machaca las eles al hablar el castellano, Gema, una barcelonesa de aquellas que adoran el lugar donde viven, cuenta con voz ronca que allá por los 60, cuando su marido todavía era un niño, él y sus amigos bajaban desde los cerros a caballo para llegar al mar, a la Barceloneta, entonces lugar de pescadores y marineros. Hoy, añejas fotos colgadas en paredes de los chiringuitos que pueblan los callejones atrapados entre la avenida Juan de Borbón y el paseo marítimo dan cuenta de lo miserable que era ese arrabal. Son imágenes con barniz de pasado para turistas y naturales. La prueba de que Barcelona alguna vez fue pobre y un poco triste. 
En pleno siglo XXI, marcando un adorable contraste con la modernidad del transbordador aéreo que sale y llega desde la playa de San Sebastián o del hotel W que asemeja a una vela y abrirá en octubre, aún puede verse por esa zona de trazado ortogonal y prieto a unas orondas señoras sacando la radio y la silla a la calle para pasar la tarde al aire libre. Sus ropas tendidas a secar afuera de los edificios bajos parecen hablar más de la Ventimiglia de la Liguria italiana, que de la gran urbe catalana 2009, oficialmente nudista y abiertamente gay, cuyo primer saludo al visitante es como un disparo de gentío babélico: todas las edades, todos los credos, todas las razas circulando en el metro, las plazas y las bicis, que son el sello más in, el de los saludables y los ecologistas. 
En el encantador mundillo de la Barceloneta todavía puede uno comer como los dioses al lado de un grupo de turistas orientales: pescaíto y chipirones fritos fresquísimos junto a un delicioso blanco helado, todo por 25 euros para tres personas. Milagro a cargo del bar La Playa. La gracia —o la desgracia, según se mire— es que a pasos de ahí, en el puerto olímpico, justo al lado del lujoso hotel Arts, se puede tener el tino de chocar con Penélope Cruz en el restaurante Bestial.
Ese boliche, todo glamour y estilo, también ofrece menú mediterráneo, aunque de otro tipo: carpaccios, pasta y risottos. Es, dicen los conocedores, uno de los locales chic de la temporada. Queda en una zona llena de terrazas con DJ y tumbonas blancas desde las que contemplar embobadamente a las go-go dancers, oír música electrónica y pasar el rato hasta altas horas de la madrugada. Porque si hay algo que Barcelona tiene, además de trocitos de nostalgia y cierta intención cosmopolita, es carrete: lugares en el Raval, el Borne, el Eixample o la playa. Ruido, gente, alcohol, música y fiesta.
No es casual que —como cuenta con cierto desdén una madrileña que lleva ya tres años viviendo en la ciudad— haya una pequeña moda entre colegiales ingleses: para celebrar su cierre de ciclo fletan un avión chárter con destino final aeropuerto de El Prat. La recién ampliada terminal aérea barcelonesa los recibe para abrir las puertas a un fin de semana de parranda: dos días después los despedirá en calidad de bulto, tras 48 horas de juerga formidable.
Tampoco es desdeñable la queja de un chileno que llegó a vivir hace seis años a España: su casa queda en el barrio gótico, está obligado a dormir con tapones y ha visto crecer en los últimos años el turismo joven. No quiere parecer prejuicioso, pero su impresión es que la calidad de los visitantes ha bajado: mientras menor es su presupuesto mayor es su gana juerguista.
Según él, las calles amanecen llenas de botellas vacías y las esquinas sufren el sistemático acoso de recuerdos nocturnos. También se nota, añade, cómo las tiendas de souvenirs que quedan en la Rambla están cada vez más dominadas por los inmigrantes pakistaníes. Y que los jóvenes marroquíes que llegan al centro de acogida de la calle de Rull, en una vieja finca que pertenece a una congregación de monjas, parecen vivir con los ojos y el corazón más puestos en su país natal que en la ciudad que hoy los acoge. “Sencillamente no se integran”, afirma.
Bien lejos de desventuras jaraneras o de los problemas migratorios que aquejan a todas las urbes del Primer Mundo, vista a través de ojos locales, Barcelona puede ser fascinante. Sentadas en una terraza de la Plaza Real, a la que van jamás porque se llena de turistas demasiado parlanchines, un grupo de catalanas cuenta sobre lo vieja que es: su fundación data de fines del siglo I AC y su primer señor conde, a quien se debe el apelativo de Ciudad Condal, fue nombrado el año 801. Y sobre sus barrios: Sarriá, por ejemplo, en la zona alta, antes era otro pueblo. Y sobre el pasado reciente: demoró mucho en modernizarse, porque las antiguas murallas, que detenían el desarrollo, fueron tiradas recién en 1854.
Fue entonces que un urbanista llamado Ildefons Cerdá creó el Eixample o Ensanche, que une la ciudad vieja con otras villas independientes que hoy son barrios, como Gracia, donde no hay turistas y sí buen vivir, muchos bares y un cine llamado Verdi que se dedica a la películas de calidad. El diseño del Ensanche se parece al de las ciudades españolas de América: está hecho por manzanas. En ellas se desperdigan la Sagrada Familia, las casas de Gaudí, la tienda de diseño Vinçon y la controvertida torre Agbar, un rascacielos con evidente sentido fálico, cortesía del afamado Jean Nouvel.
Mientras tuvo murallas, el barrio gótico barcelonés, ese centro neurálgico del turismo contemporáneo, era un hervidero de enfermedades, insurrecciones, matanzas y hacinamiento: hacer mejoras en su laberinto de calles estrechas, en las que el olor a moho parece impregnado como la peste, era imposible. Gracias a eso hoy queda para el disfrute nuestro un casco antiguo excelentemente conservado.
En él aún pueden verse restos de arquitectónicos de la época romana; la plaza de Sant Jaume, que toda la vida ha sido el centro político de la ciudad, y Santa María del Mar que, afirman los expertos, no hay que perderse por nada del mundo. En Barcelona hay Catedral sí, pero ese otro es el templo verdadero, el más querido, el que vale, una pieza gótica que construyeron piedra a piedra, entre 1329 y 1383, los trabajadores de los muelles.
Para visitarlo, ver sus capillas y encender por un euro una vela roja en devoción a un santo o a la virgen hay que caminar desde la Rambla con rumbo hacia el Borne. Como la ciudad vieja es más bien chica, el recorrido será corto y el destino, un placer: la zona está llena de cafeterías, tiendas de diseño, pequeñas boutiques y puntos de encuentro cultural. Autumn Zimmerman, una norteamericana que acaba de abrir allí su mini galería de arte, Art Nights BCN, dice: “el Borne está de moda. Hace tres años no había nada de esto”.
Se refiere, por ejemplo, La Paradeta, un restaurante imperdible: es una pescadería en la que el cliente antes de sentarse a la mesa elige su pieza, que es pesada y cocinada ahí mismo. Todo está fresco y a buen precio, y se nota: para entrar hay que hacer cola. Su dueña recomienda jugársela por el domingo a mediodía, porque hay menos tumulto: los barceloneses, dice, no son buenos para madrugar en fin de semana.
Es sábado por la noche en agosto, y un pequeño grupo de chilenos celebra un cumpleaños. Hablando de la vida que llevan como inmigrantes en la capital catalana o sus alrededores, coinciden: Barcelona “es peligrosa”. Ofrece tal calidad de vida con sus distancias caminables, sus hordas de motoristas apurados y su buen clima, que no cuesta nada quedarse y acomodarse, tomar el ritmo de una ciudad que aun no pierde del todo ciertas reminiscencias pueblerinas.
Mirándolos es fácil comprenderlos: conversan en una azotea iluminada con velas. Poco después, cuando se ponen a bailar, la luna llena se dibuja brillante detrás de nubes que galopan; a lo lejos se oyen truenos, descorches de champaña y el rumor de mucha gente. Haciendo un rodeo con la vista, un trozo de ciudad al descubierto: está llena de terrazas y esa noche parece que todos han decidido subir a celebrar el verano en los tejados. Cada grupo de personas es como una luciérnaga en medio de la oscuridad. Parece un sueño, pero no lo es: existe. Está a 621 kilómetros de Madrid, tiene 1,6 millones de habitantes, conexión con el tren de alta velocidad, el puerto más grande de España, a la virgen de la Merced como patrona y hace 18 años descubrió que tiene mar. Se llama Barcelona.